Matar hormigas

Si las ilusiones fueran hormigas, la gente las reconocería mucho antes. Todo el mundo sabe cómo es una hormiga, hay fotos de hormigas en los libros de Ciencias Naturales del colegio, y todos los niños, antes de eso, han visto alguna hormiga. A lo niños les encantan las hormigas. Hay gente que no se da derecho a soñar, y nada más ver una hormiga por casa, la aplasta, para que no vengan más por detrás. Hay gente, en cambio, que tiene hormigueros artificiales en mitad del salón, una urna de cristal donde encierra a todas sus hormigas y puede seguirlas recorriendo los túneles y pasarelas. Esta gente observa a las hormigas muchas horas, pero no hace nada con ellas. También hay gente más feliz, que disfruta de las hormigas en su hábitat natural, entre el césped y los árboles, y también se pasan tiempo mirando como llevan migas de un lado a otro, entrando y saliendo del hormiguero todo el día. Algunos, entre estos últimos, guardan un pedazo de pan duro en el bolsillo, y van soltando migas para alimentarlas. Disfrutan viendo a la hormiga cuando descubre una miga nueva, cuando intenta cargar la más grande. Pero estos, a final Seguir leyendo

Ceras de colores

Cuando Tomás era muy pequeño, su madre estaba convencida que se comía las ceras, las ceras de colores. En realidad no se las comía, sino que se las metía en la boca, como los niños que muerden lápices mientras están pensando; pero las ceras tenían un sabor horrible, así que no lo hacía muy a menudo. En un solo día vaciaba varias cajas de ceras de tanto usarlas. Pintaba en el papel marrón que había en la tienda del abuelo, lo tenían en rollos grandes a la derecha de la caja para envolver las compras de los clientes. Tomás pintaba con las ceras en el lado reverso, donde el papel es más rugoso y un poco más claro. De todos los colores gastaba más rápido el verde y el morado, le gustaba pintar un flor, y luego el césped para las raíces, y luego el sol, para que no le faltara luz, y luego una nube con lluvia, para que no le faltara agua. Tomás era un niño muy práctico. La flor siempre la pintaba verde, igual que el césped. Todo el cielo morado, con un sol amarillo enorme, sonriendo de rayo a rayo.

Bote de arena

El día de su cumpleaños, Antonio decidió, por fin, dejar el mar. Durante años salía todos los días con su bote de madera y su caña de pescar, se acostumbró tanto que llegó a gustarle; pero de un tiempo a esta parte le dolían cada vez más los huesos, y algo dentro le impedía dejar su bote, todos los días el mismo camino, de casa al bote, del bote al mar. Ese día de su cumpleaños, a primera hora, cuando iba a comenzar la jornada, descubrió que su bote se estaba descascarando por un lado. La madera de colores vivos, pintada con azul y rojo, estaba tan reseca que un trozo grande del lado derecho, con forma de cuchara, se había caído, en bloque. Y el bote ahora tenía un enorme roto en medio de los colores. Habría sido trabajo del tiempo, de la sal, del sol, de toda una mezcla de cosas. Es natural, se dijo Antonio, que los botes al cabo de un tiempo se descascaren.

de Julio Cortázar, Historias de cronopios y famas

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías.

Cielo de verano

Cuando éramos pequeños, en las noches de verano, hermanita y yo salíamos al jardín a mirar estrellas y a contar cometas, asteroides y naves extraterrestres. Papá nos explicaba que podíamos encontrar cometas pero no asteroides, porque son muy pequeños y, desde la Tierra, solamente se distingue uno a simple vista. A hermanita esto le hacía llorar porque le gustaba mucho la palabra asteroide. Entonces papá intentaba inventar una historia mezclando datos que sabía, y le contaba que eran más bonitas las cometas, que estaban formadas por hielo y polvo, y que su nombre derivaba de una palabra griega que significa cabellera. Papá no sabía contar historias.

de Antoine de Saint-Exupéry, O Principezinho

Para mim, esta é a paisagem mais bela e mais triste do mundo. … a mesma paisagem da página anterior, mas eu voltei a desenhá-la para vocÍs a verem melhor. Foi aqui que o principezinho fez a su apariÁao na Terra e, depoi, desapareceu. Olhem bem para esta paisagem, para a poderem reconhecer se um dia forem a África, ao deserto. Se passarem por aqui, suplico-vos: nao tenham pressa, fiquem un bocado ‡ espera mesmo por baixo da estrela! Se um menino vier ter convosco, um menino que está sempre a rir, um menino com ocabelos cor de ouro e que nunca responde quando se lhe faz uma pergunta, já sabem quem ele é. Entao, por favor, sejam simpáticos! Nao me deixem ficar assim triste: escrevam-me depressa a dizer que ele voltou…

Cambios

Cuando pasas un tiempo sin usar algo, cambia, te lo cambian. A los amigos, cuando pasa un tiempo que no les ves, les salen canas, o gafas, o colores en el pelo. Y las cosas, sí, te las cambian, cuando no cambian solas. A los trenes de Cercanías dirección Colmenar les sale una raya fucsia horizontal, por todos los vagones, vagones que siempre habían sido blancos y rojos. A los amigos, sí, también te los cambian, las canas tienen nombre propio, y las arrugas del entrecejo los apellidos del jefe o del amante de la mujer. O del vecino, el inútil del piso de arriba que, por ampliar su salón, tiró un muro maestro y ahora hay que hacer obra en todo el edificio. Y tanto los trenes de Cercanías, como los amigos con el entrecejo marcado, todos están seguros que el mundo estaba mejor antes del cambio.